En la actualidad se pensaba que la amígdala era la única región del
cerebro vinculada al miedo humano. Una nueva investigación realizada con
pacientes incapaces de sentir temor por daños en esa área, ha demostrado sin
embargo que otras regiones neuronales también son importantes en este sentido.
El saber esto hace más fácil el trabajo a la hora de desarrollar tratamientos
contra ciertos trastornos, como los ataques de pánico. 

En un
experimento que hicieron los médicos de
la Universidad
de Iowa (Estados Unidos) prepararon a una paciente para que
inhalase una dosis de dióxido de carbono que provocaba el pánico; ella no
sentía ningún miedo. Sin embargo, pocos segundos después de la inhalación de la
mezcla, la mujer gritó pidiendo ayuda, desesperada por la sensación de que se
estaba asfixiando.
La paciente, una mujer de 40 años conocida como SM, presenta una condición extremadamente rara, denominada enfermedad Urbach-Wiethe, un trastorno que ocasiona grandes daños en la amígdala, un área cerebral con forma de almendra que está vinculada al temor. Desde que comenzó a sufrir esta enfermedad la paciente no había vuelto a sentir miedo.
En un artículo publicado por la revista Nature Neuroscience, el equipo de la UI ha proporcionado sin embargo una prueba de que la amígdala no es la única ‘puerta al miedo’ de la mente humana. Otras regiones cerebrales, como el tronco cerebral, el diencéfalo o la corteza insular pueden registrar las señales orgánicas más primarias generadas por el peligro, cuando la supervivencia está amenazada.
La paciente, una mujer de 40 años conocida como SM, presenta una condición extremadamente rara, denominada enfermedad Urbach-Wiethe, un trastorno que ocasiona grandes daños en la amígdala, un área cerebral con forma de almendra que está vinculada al temor. Desde que comenzó a sufrir esta enfermedad la paciente no había vuelto a sentir miedo.
En un artículo publicado por la revista Nature Neuroscience, el equipo de la UI ha proporcionado sin embargo una prueba de que la amígdala no es la única ‘puerta al miedo’ de la mente humana. Otras regiones cerebrales, como el tronco cerebral, el diencéfalo o la corteza insular pueden registrar las señales orgánicas más primarias generadas por el peligro, cuando la supervivencia está amenazada.
"Esta investigación indica que el pánico o miedo
intenso se produce en algún lugar externo a la amígdala", afirma John
Wemmie, profesor asociado de psiquiatría de la UI. 

Esto podría ser clave para explicar por qué las personas
sufren ataques de pánico , que son
períodos en los que el individuo padece de una manera súbita un miedo intenso con
una duración variable.



