Su
capacidad de desarrollar actividades cognitivas y emotivas obligará a decidir
qué posición ocuparán en la sociedad futura.
Un robot
social es aquel que interactúa y se comunica con las personas siguiendo
comportamientos, patrones y normas sociales. La mayoría de los robots actuales
funcionan bien en entornos controlados, como por ejemplo los laboratorios, pero
surgen problemas cuando están en entornos más reales, como oficinas, casas o
fábricas. No obstante, en poco tiempo el robot hogareño se acostumbrará a la vida del hombre como alguna vez lo hizo
el teléfono, la televisión, el automóvil. Ahora bien, si un robot puede
desarrollar tanto actividades cognitivas, razonamiento, como afectivas,
emociones, habría que pensar seriamente sobre qué posición ocupa dentro de una
sociedad.
Se puede definir al “robot inteligente autónomo” como
un sistema compuesto por un controlador electrónico acoplado a un cuerpo
mecánico, y con ciertas características de autonomía, fiabilidad, movilidad y
versatilidad. De este modo, esta máquina necesita de adecuados sistemas
sensoriales para percibir el entorno en donde se desenvuelve, de una precisa
estructura mecánica adaptable a fin de disponer de una cierta destreza física
de locomoción y manipulación, de complejos sistemas efectores para ejecutar las
tareas asignadas y de sofisticados sistemas de control para llevar a cabo
acciones correctivas cuando sea necesario.
Es importante tener presente que la función técnica de los robots no es reemplazar al ser humano, sino aliviarlo de todas aquellas tareas consideradas repetitivas, rutinarias, monótonas, aburridas, peligrosas y desagradables.
Es importante tener presente que la función técnica de los robots no es reemplazar al ser humano, sino aliviarlo de todas aquellas tareas consideradas repetitivas, rutinarias, monótonas, aburridas, peligrosas y desagradables.
AUTOR: ISABEL
MARTINEZ DE LA ROSA
FUENTE:
TENDENCIAS 21

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